Alimentos transgénicos: Complejo tejido de actores y argumentos a favor y en contra

Autor: MSc.  Lic. José Luis Montes de Oca Montano
Licenciado en Gestión de Información en Salud. Máster en Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología (CTS).        Profesor Asistente de la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos. Cuba. Labora en: Universidad de Ciencias Médicas. Provincia Cienfuegos. Cuba. E-mail de contacto: ocamd730715@minsap.cfg.sld.cu

Resumen:

El tema de los alimentos transgénicos a nivel mundial se ha tornado controversial y se mueve en un medio bipolar, compuesto por quienes  defienden los alimentos modificados genéticamente y por los grupos que se expresan en contra. Abordar el grado de aceptación de que son objeto estos productos biotecnológicos y sus implicaciones bioéticas en el mundo moderno es un objetivo del presente trabajo, en un intento por resumir algunos de los criterios que sostienen diferentes actores sociales, ya sea para defender o para rechazar el uso de los transgénicos. Se hace énfasis, además, en algunos puntos de vista religiosos que no por azar se encuentran inmersos en las posturas de quienes critican estas manipulaciones genéticas.

Palabras clave: alimentos transgénicos, ingeniería genética, bioética, tecnociencia, manipulaciones genéticas.

Abstracts

The issue of GM food worldwide has been becoming controversial and moving in a bipolar medium composed of those who defend GM foods and groups who speak out against. Addressing the degree of acceptance that are the subject of these biotech products and their bioethical implications in the modern world is an objective of the present article, in an attempt to summarize some of the criteria that support different social actors, either to defend or to reject the use of GMOs. Emphasis is also in some religious views not by chance are immersed in the positions of those who criticize these genetic manipulations.

Key words: GMO foods, genetic engineering, bioethics, techno science, genetic manipulations.

Introducción.

A  principios de los años 70 del siglo pasado, comienzan a crearse las bases tecnológicas de lo que más tarde se convertiría en un tema de controversia y disputa entre empresas transnacionales y público en general; motivo de odio para unos y novísimo horizonte de oportunidades tecnológicas y comerciales para otros. Es justamente en 1973 cuando un grupo de científicos estadounidenses logra transferir genes de una bacteria a otra de distinta especie y más tarde en 1983 un laboratorio europeo crea la primera planta transgénica; un tabaco resistente al antibiótico kanamicina. Pero no es hasta 1994 cuando en USA se comienza a comercializar el primer alimento transgénico, el Tomate Flav Sabor, que supuestamente tenía mejor sabor y mayor duración, después salió al mercado la soja transgénica y años después se aplicó esta tecnología en el maíz.

Desde entonces el tema de los alimentos transgénicos a nivel mundial se ha ido tornando  controversial y se mueve en un medio bipolar, compuesto por quienes  defienden a los alimentos modificados genéticamente y por los grupos que se expresan en contra del empleo de dichos alimentos. No pocas manifestaciones, apoyadas a través de las redes sociales, han tenido lugar en países europeos y latinoamericanos. Los consumidores han expresado su temor a consumir estos productos y no pocos agricultores se han resistido a la posibilidad de incrementar sus producciones a través de la introducción en sus campos de estas formas modificadas de organismos.

Abordar el grado de aceptación de que son objeto estos productos biotecnológicos y sus implicaciones bioéticas en el mundo moderno es un objetivo del presente trabajo, en un intento por resumir algunos de los criterios que sostienen diferentes actores sociales, ya sea para defender o para rechazar el uso de los transgénicos.

Desarrollo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a los organismos modificados genéticamente (OMG) como aquellos en los cuales se ha alterado  el material genético artificialmente al insertar genes seleccionados de otras entidades tanto de la misma especie como de especies diferentes. Se trata de obtener “productos” animales o vegetales en los cuales se “mejoren” algunas de las propiedades que tenían los materiales originales, todo esto a través de la aplicación de la “ingeniería genética”. Algunos autores citan estos procesos al explicar que se trata de la aplicación de técnicas de ácidos nucleicos in vitro que incluyen ADN recombinante e inyección directa de ácidos nucleicos en células u orgánulos o fusión de células más allá de la familia taxonómica y que sobrepasa las barreras naturales utilizadas en las técnicas tradicionales de selección y mejoramiento

El debate sobre la procedencia ética de estas manipulaciones aplicadas a los recursos naturales, que en buena medida sirven de substrato para la supervivencia de los seres humanos y no pocos animales, ha generado no poca controversia y división de opiniones entre especialistas y otros muchos actores del escenario social. Los defensores de los transgénicos se centran en sus bondades, a saber: la producción de variedades de cultivos a gran escala, cuya finalidad principal sea reducir las pérdidas en cultivos por concepto de plagas, evitar la estimulación del crecimiento de los cultivos por vías artificiales, crear alimentos resistentes a los insectos y conseguir productos transgénicos con mejores nutrientes, portadores de vitaminas y minerales invaluables en el combate contra la desnutrición en el mundo. Se espera además que estas variedades sean resistentes al frío, que necesiten menos agua y soporten periodos de sequía, y no faltan quienes sueñan con generalizar soluciones transgénicas de acción farmacológica, las cuales serían más fáciles de almacenar y transportar que las convencionales.

Por su parte, los detractores de los productos transgénicos hacen sonar las alarmas sobre la potencialidad de estos “mutantes”, al menos a nivel teórico, de desencadenar trastornos para la salud humana, animal y del medio ambiente, así como en el ámbito económico. Lo cierto es que no se puede refutar que estos alimentos puedan alterar, suprimir o inactivar las células tradicionales y ser transmitidas de una especie a otra afectando la biodiversidad de las especies. La alteración en las proteínas podríagenerar reacciones alérgicas en los humanos, como sucede con la soya alterada con genes de la nuez de Brasil. No se sabe todavía qué efectos pueda producir en el organismo humano la introducción de genes o células resistentes a los antibióticos, su toxicidad y efectos colaterales. Lo cierto es que en este amplio e inexplorado campo se hace ciencia a gran velocidad, ciencia encaminada a lograr nuevos productos pero no necesariamente orientada a asegurar la inocuidad de estos o su empleo de manera sostenible.

Otro problema que vibra en la cuerda de lo ético es la nociva dependencia que algunos fabricantes desean generar en sus clientes, hecho que trae a colación el ejemplo de la Empresa Monsanto, que posee el 90% de las patentes de semilla transgénica, pero que dolorosamente promueve el desarrollo de semillas estériles las cuales solo se pueden plantar una vez, lo que provocaríaque los cultivadores se vean obligados a pagar cada año y desarrollarse únicamente a partir del uso de productos monopolizados. Se cree que el mayor peligro ambiental lo constituye la alteración genética de los alimentos naturales, ya que esta modificación podría producir microorganismos resistentes asociadas a enfermedades reemergentes en estados más agresivos e incurables, especies voladoras sean insectos o pájaros que transportan semillas o polen de un lugar a otro desaparecerían, presentándose zonas desiertas, lo que generaría una pérdida al ecosistema y perjuicio para la humanidad.

La Monsanto no es la única empresa que acude a la introducción de comportamientos poco naturales en sus productos genéticamente modificados, en sentido general las empresas desarrolladoras de estos productos siguen insistiendo en sus beneficios directos al elevar la producción alimentaria, e incluso tratar de recubrir sus proyectos con un halo humanitario diciendo que eso va a ayudar a reducir el hambre en el mundo, cuando el verdadero problema no radica en la producción sino en la distribución de los seriales y otros alimentos de alto valor biológico, así como en sus precios de mercado. Uno de los temas más debatidos actualmente es el de  los riesgos socioeconómicos: monopolización del mercado, aumento de los precios de alimentos básicos debido a que las nuevas biotecnologías que se usan para crear alimentos transgénicos se pueden utilizar para obtener biocombustibles, lo cual dispara el costo de los granos.

Existe la percepción, por parte de ciertos sectores poblacionales de que la modificación genética es por sí misma inmoral, toda vez que afecta  el valor intrínseco de los seres vivos, convierte a plantas que han evolucionado dentro de su medio habitual en un “engendro de laboratorio” totalmente antinatural y amenazador. Situados al extremo de esta interpretación se encuentran los tecnofóbicos quienes ven en la mayoría de los adelantes científicos una amenaza capaz de destruir al mundo tal y como lo conocemos. Aunque esto último constituye una burda simplificación de la realidad, no es menos cierto que, aunque durante milenios se ha intervenido en especies para adaptarlas a la agricultura y ganadería, hasta el advenimiento de la ingeniería genética no se disponía de una tecnología que permitiera rediseñar organismos adaptados de forma rápida y controlada. La biotecnología ha aportado los instrumentos para superar las restricciones entre especies, rompiendo límites que se suponían infranqueables, por lo que es lógico que no pocos intelectuales de las más diversas profesiones se cuestionen la valorización a ultranza de los intereses comerciales, sin dar debida importancia a temas de sostenibilidad en agricultura y ganadería, ni haber consultado el sentir de la población.

Los especialistas de las ciencias sociales, en particular aquellos que abordan temáticas de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS), abogan por el desarrollo de actividades que eleven la cuota de participación social, que empoderen a las poblaciones y las coloquen en medio de la toma oportuna de decisiones en materia de transgénicos. En este ámbito las variantes válidas pueden ser muchas, pudieran mencionarse como ejemplos los procesos de consulta abierta e interactiva  con  organizaciones  de  la  sociedad  civil, los foros virtuales de consulta, las mesas redondas con pluralidad de expertos, que aborden los temas de interés desde aproximaciones no exclusivamente tecnológicas o tecno científicas, entre otras variantes. Otras metas alcanzables a través de estos procederes saltan a la vista: obtener los aportes de la sociedad civil desde el holístico interactuar y dialogar de los más disímiles saberes; lograr un consenso entre los representantes de la sociedad civil y obtener sus recomendaciones; disponer de su cooperación para posteriores actividades de seguimiento dentro del tema sujeto a análisis, así como aprovechar  las  experiencias  exitosas  para retroalimentar estos procesos de consulta.

Las posibles aristas inexploradas sobre el tema que en el presente artículo nos ocupa pueden ser muy variadas, entre ellas están los aspectos mítico—religiosos. No pocos actores sociales interpretan la polémica de los alimentos transgénicos desde el prisma de sus creencias religiosas, así como el cuestionamiento del papel de Dios y la sacralidad  del universo como fruto de su creación. Para estos hombres, cuyas vidas se encuentran signadas por su espiritualidad, el mundo existe, está ahí, tiene una estructura: no es un Caos, sino un Cosmos Por tanto, se impone como una creación, como una obra de Dios, el Cosmos es a la vez un organismo real, vivo y sagrado. De lo aquí referido se espera que el hombre deba tratar con respeto y deferencia a esos recursos naturales puestos a su disposición para el sustento suyo y de sus hermanos, este es un contexto en el que se muestra una marcada tendencia al conservacionismo de las condiciones naturales, de las formas y las esencias originales, porque no están ahí accidentalmente sino por obra de una voluntad superior.

El enfoque antes planteado invoca la necesidad de reflexionar sobre la relación entre lo artificial y lo natural. En la producción de alimentos transgénicos tiene lugar una transferencia genética que no es espontánea. Existe una intervención directa, intencional, de la tecnología de la ingeniería genética, lo que los convierte en productos tecnológicos. En contraposición, la agricultura ha sido por siglos algo natural. Los conocimientos agrícolas nunca antes habían sido sometidos a semejante grado de privatización, si no que se transmitían como patrimonio común por lo que las culturas tradicionales desarrollaron técnicas propias de mejoramiento sin necesitar de actividad técnica sofisticada.

En opinión del presente autor, la naturaleza y alcance de las transformaciones que la industria de los transgénicos puede llegar a ocasionar incluye el riesgo de conducirnos a un cambio de paradigma en la evolución de las especies por la intervención del ser humano. Los mecanismos de selección natural y de supervivencia del más apto por los que se ha regido la evolución por milenios,  pueden ser transformados por un mecanismo de selección artificial mediante la técnica de ADN recombinante en que se eliminan las barreras entre especies en la medida en que se generalice la producción de transgénicos. Además, los cambios pueden realizarse a una velocidad sin precedentes en la historia de la evolución. Se añade el problema de que la fuerza motivadora de modificación se encuentra en el afán de lucro y los agricultores, granjeros y muchísimos otros actores sociales se hayan excluido de la toma de decisiones de mejoramiento de variedades y sean vistos como meros consumidores o instrumentos para poner en marcha los cultivos.

Conclusiones

En el centro del debate referente al uso de los transgénicos se insertan las transnacionales, caracterizadas por su afán de obtener los más altos dividendos sin prestar especial atención al tema ético y a las afectaciones a largo plazo que tendrían para la naturaleza y la salud humana el empleo de estos productos. No pocos son los argumentos que parten de un núcleo de actores socialmente activos e interesados en el tema, los criterios pueden adquirir matices religiosos, de preocupación por la biodiversidad, porque los transgénicos no acaben desplazando a los productos naturales de la evolución en el planeta, por las oscuras manipulaciones practicadas a los organismos vivos que los tornan antinatural y por consiguiente potencialmente peligrosos, entre muchos otros factores.

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