Cuba: Aproximación al fenómeno de la indisciplina social desde el complejo entramado de actores y factores socio-económicos que lo perfilan

Introducción:

El fenómeno de la indisciplina social ha sido ampliamente debatido durante los últimos

La indisciplina social
La indisciplina social

años en Cuba, al respecto los medios de comunicación realizan y difunden minuciosos trabajos de manera sistemática, sin embargo este azote aún lacera la sociedad y constituye motivo de preocupación para la misma; pues continúa siendo amplio el rango de conductas mal moduladas, ya sean de autoría individual o llevadas a cabo por parte de un determinado grupo de personas, que pueden ser conceptualizadas como indisciplina social, y que persisten en la Cuba de nuestros días. Válido es señalar que estas actitudes o acciones discurren en franco desafío a los más disímiles mecanismos de control y ocasionalmente en consonancia con la ineficacia de algunos de ellos. Un complejo entramado de actores sociales, factores socio-económicos y legales perfilan el escenario en que se manifiesta este fenómeno.

Para el abordaje de la indisciplina social como tema medular del presente artículo, se torna indispensable definir qué debe contemplarse como disciplina en este mismo ámbito, al respecto la disciplina social ha sido abordada por diferentes autores, y se ha conceptualizado como “la observación y cumplimiento de las normas, reglas, mandatos establecidos por la sociedad. Está vinculada al comportamiento, la conducta, la actitud que asume el individuo y los grupos sociales ya sea frente a un reto, tarea, problema, necesidad, motivación, con manifestación pública e implicación para la sociedad” (Wilson Rodríguez, A., & Bernal Velázquez, Y. 2011, Mayo). “Es un prototipo con respecto al cual cada miembro de la sociedad se mira a sí mismo, se compara con los demás, estructura las características de cómo debe proceder y se autoevalúa” (Arias B., Guillermo. 1988).

Por su parte, el Diccionario de Lengua Española lo define como: “el conjunto y observancia de las leyes o reglamentos que rigen ciertos cuerpos, como la escuela, el ejército y otros. De ahí que cuando en la sociedad violamos lo expuesto en este concepto estamos incurriendo en indisciplina social” (Pérez Zamora, A. 2013, Octubre 14).

La indisciplina social, por su parte, queda también abordada por Varona (2008, octubre), quien la define como la negación de la disciplina, su antítesis, relacionada con la débil observación del orden establecido por la sociedad y su incumplimiento. El autor plantea que este tipo de indisciplinas se refleja en la ausente correspondencia entre la actuación de un individuo o grupo social y los principios, normas y objetivos de la sociedad ante una determinada circunstancia, reto, tarea, problema, necesidad o motivación.

Por lo que puede interpretarse del criterio antes referido, la indisciplina social articula con un comportamiento impropio, indeseable y hasta socialmente perjudicial, asumido en ocasiones por individuos o por conjuntos de estos, pertenecientes en algunos casos a determinados estratos sociales, quienes se conducen en franca inobservancia y violación de una serie de leyes o reglamentos vigentes a disímiles niveles de la sociedad.

Prácticamente en todos los modelos sociales se aprecian ejemplos de indisciplina, pudieran mencionarse entre ellos: la falta de carácter crítico y autocrítico que conducirían a rechazar conductas contrarias a la legalidad y al orden social establecido, ya fuera por temor, por encubrimiento, o por morboso compromiso con la parte causante de la indisciplina; la pésima calidad en la elaboración y conservación de los productos alimenticios que se venden a la población, en deshonesto afán por abaratar los costos a expensas de la salud de los clientes; el cuidado y respeto que se le debe brindar a la propiedad social; la conducta irrespetuosa que se observa en algunos conciudadanos al entrar a un ómnibus, tren o cualquier otra forma de transporte público o el inadecuado volumen al que escuchan la música algunos individuos y que se traduce en serias molestias para sus vecinos. El presente artículo pretende arrojar luz sobre las más comunes, lacerantes y mejor documentadas formas de indisciplina que se manifiestan en la sociedad cubana actual, así como la manera en que acciona y reacciona dicha sociedad.

Desarrollo:

Ante el cubano promedio la vida cotidiana va develando su afán, entre dificultades y

Cubanos sufren la indisciplina social
Cubanos sufren la indisciplina social

carencias materiales, soluciones emergentes a los problemas más acuciantes y frecuentes, y un ajetreo constante en el que se afirman las exigencias de las actividades que impone la vida, en una nación que se juega el todo por el todo en lo que respecta a su propio desarrollo.

Es esta una sociedad convulsa, signada por su reverberante realidad socioeconómica, en buena parte impuesta por la necesidad. Una subjetividad social irrumpe con rasgos característicos del instante en que se vive, con sus contradicciones y virtudes, abiertas a la reinterpretación y a la edificación de nuevos sucesos por venir. Complejas y abundantes son las relaciones del entablado social, en un contexto de racionalidad e incertidumbre.

Un escenario social como el aquí descrito no puede estar exento de grietas temporales, de agujeros, en el complejo concierto de mecanismos encargados de garantizar el orden interior y la tranquilidad ciudadana. Se encuentran en constante tensión los instrumentos sociales y jurídicos responsables de impedir cualquier violación del ordenamiento capaz de generar afectaciones sociales, a continuación se describen las preocupantes más comunes tanto para los medios de difusión como para el cubano de a pie.

Baños públicos en franco peligro de extinción.

A todo lo largo y ancho del país, en mayor o menor grado, está teniendo lugar un

Indisciplina social
Indisciplina social

comportamiento que califica como indisciplina social, pero que en no pocas ocasiones anda de la mano de la carencia y de la más urgente necesidad.

Esta conducta está estrechamente vinculada al mínimo de confort que el ciudadano promedio espera encontrar y demanda de sus espacios públicos, en contraste con la escasez creciente de baños y urinarios puestos a la disposición del público en general.

Según Lotti (2016, Noviembre 23) “el asunto merece la atención debida, pues la escena de ver personas (sobre todo hombres) orinando detrás de los árboles, las paradas, o en los parques, deja de ser algo exclusivo”.

Por su parte Aroche Cuadro (2016, Junio 19) describe la forma que este fenómeno ha adquirido en Santiago de Cuba, donde puede observarse a “… muchos padres incitando a sus niños a hacer pipi en la vía pública, lo que hasta parece normal, cuando en realidad es una mala educación, por cuanto la vía pública es un espacio común y por tanto debe ser respetada por todos, y aquellos irresponsables que estimulan en un niño lo mal hecho, están contribuyendo a potenciar un futuro joven capaz de cometer ese tipo de indisciplina social”.

En el artículo de Cuadro se revela un hecho que sobrecoge y preocupa por sus implicaciones éticas y morales, pues pone al descubierto la paulatina pérdida de la inocencia que un día primó en la sociedad cubana y que hoy le abandona de a poco, a pesar de los esfuerzos y desvelos de las organizaciones políticas y de masas. El ejemplo que ofrece la autora le es revelado por un amigo “… que ha observado en el horario de la madrugada, personas haciendo pipi en un lugar de alto valor histórico para todos los cubanos.”

En las palabras de la autora se aprecia una mezcla de indignación y alarma mientras describe la situación: “… me refiero al conocido muro del matadero, aquí en este sitio, como sabemos casi todos los santiagueros y muchos cubanos, fue fusilado Perucho Figueredo, creador del Himno Nacional, por tanto, hacer algo así significa que fue muy mal educado o que desconoce una de las páginas más importantes de la historia de su patria.”

Una posible causa adicional sobrecoge a quien escribe el presente estudio; la posibilidad de que las aspiraciones, necesidades insatisfechas, carencias materiales y un estilo de vida basado en la supervivencia a toda costa, sean amalgama causante de este tipo de indisciplina social, así como el caldo de cultivo perfecto para conductas antisociales más peligrosas.

Sobre la cuota de responsabilidad que le asiste a los establecimientos y demás

Indisciplina social
Indisciplina social

entidades que ofrecen servicios al público, Lotti (2016) aporta elementos de juicio que son claves para una mejor comprensión del alcance del problema:

“Se supone que los establecimientos públicos cuenten con este servicio. Pero no es así. Cuando se inaugura una tienda –por ejemplo– no falta el baño. Al tiempo o desaparece o se clausura por algún motivo…”

“La vida nos ha demostrado que para los responsables de administrar un lugar público (cualquiera que sea) los servicios sanitarios no constituyen una prioridad. En algunos espacios funcionan a medias, por así decirlo, pues de tres lavamanos (u otras piezas) apenas sirve uno…”

“Otra práctica muy común de encontrar en los centros de trabajo – asumida como una alternativa – es que alguien se adueña de la llave.” “Hay que pedírsela a… he escuchado en más de una ocasión y entonces cuando el fulano se pierde, también desaparece el derecho de ir al baño.”

“Lo preocupante es que ese actuar se está generalizando mientras que los que tienen la obligación de resolver el problema invierten su tiempo en trazar estrategias y argumentar dificultades.”

Otras indisciplinas parecen estar entronizándose en la actualidad cubana, en franca violación de los derechos ciudadanos y del respeto que deben profesar hacia sus usuarios o clientes, aquellos que ofrecen algún tipo de servicio a la población.

Al respecto Jennifer Rodríguez Martinto (2016), toca el tema “del transporte urbano y el lucro impune a la vista de todos”, es este el título de un artículo en el que llama la atención sobre lo que considera una práctica extendida, consistente en la “… manipulación de la recaudación por choferes de ómnibus de transportación de pasajeros.”

Según la autora, el complejo control de los ómnibus que circulan por la capital, cuya cifra ronda los 700, es apenas uno de los factores inmersos en el estado actual de la situación, la cual caracteriza a través de los siguientes comentarios; dirigidos al modo de proceder de algunos choferes y otros actores involucrados:

“Algunos cobran el pasaje con el pretexto de agilizar la cola, otros emplean a conocidos como conductores que velan porque todos paguen, mientras hay quienes optan por aprovechar la disposición de pasajeros que, desde su privilegiado primer asiento, extiendan su mano fuera de la guagua para facilitar el abordaje por las puertas traseras.”

“Sea cual sea la opción seleccionada, lo cierto es que un gran porcentaje del dinero recolectado no va a parar precisamente a las arcas de la Empresa de Transporte de La Habana.”

“Lo oportuno sería, entre tanto, enfrentar a quienes lucran impunemente y a la vista de todos”.

El Portal Cubano Cubasí, arroja luz sobre el policrómico fenómeno de la transportación de pasajeros en La Habana y lo hace por medio de un artículo, autoría de Arnaldo Musa (2013); en este se hace alusión a cierto actor clave, por aquel tiempo ya excluido de la ecuación, se trata de del conductor, que dejó de estar presente en el Metrobus Capitalino. Al respecto Musa se expresa en los siguientes términos:

“Con la llegada de los primeros articulados se tomó la decisión de eliminar al conductor, porque constituía una fuente de corrupción. Era cierto porque a manera de ejemplo muchos hemos vivido en carne propia cómo delincuentes comunes sustraían carteras, se las pasaban al conductor quien los hacía bajar, facilitándoles la fuga para que luego los objetos de robo fueran a terminar debajo de los asientos de los choferes. Esto es un ejemplo y lamentablemente no es un hecho aislado.”

Puede asegurarse que la sustracción no ocasional del importe del pasaje no es lo único que la sociedad cubana tiene que lamentar en materia de recursos indebidamente apropiados por parte de individuos inescrupulosos, que terminan saliéndose con la suya, algunas otras “cosas” se han estado “perdiendo” a lo largo de estos años.

Muy a propósito del tema, el sitio Cubasí (2016) describe el caso del Parque Antonio Maceo, uno de los más céntricos e importantes parques de la Ciudad de la Habana. En este caso se “… sustituyeron las rejas grandes por unas pequeñas… y la gente se ha robado buena parte de las rejas.” Por la importancia y gravedad de estos hechos, se colocan a continuación varios fragmentos textuales del artículo en que se refieren:

“Evidentemente ha contado con tiempo y tranquilidad para sus fechorías. Arrancar una reja y llevársela no es cuestión de coser y cantar. ¿Cómo es que nadie ha podido evitarlo? No le tocaría, claro, a cualquier ciudadano de a pie; pero ¿dónde estaban las fuerzas del orden?”

“Las instancias que se ocupan del mantenimiento de estos lugares (en este caso, la Oficina del Historiador de La Habana) invierten cada año grandes cantidades de dinero en la reposición de elementos sustraídos… un dinero que podría invertirse en labores de remodelación y conservación de otros lugares.”

“Pero no dan abasto. No acaban de reponer una reja y alguien se roba la otra. A juzgar por el estado actual del parque, ya lo han dejado por incorregible.”

Hechos muy similares a los aquí descritos y de muy similiar envergadura aparecieron

Indisciplinas sociales
Indisciplinas sociales

reflejados en “Venceremos”; El Periódico de la Provincia Guantánamo, en un artículo fechado en noviembre de 2015, donde se abordó el caso correspondiente al robo de los contenedores plásticos destinados a la recolección de la basura (recogida de desechos sólidos) de las áreas del Reparto Caribe y Obrero en la Ciudad de Guantánamo, lo cual reforzó la presencia de microvertederos en esas pobladas zonas de la urbe oriental.

Hurto fue el término que acusó, como causa de la desaparición de estos contenedores, la Directora Municipal de Comunales, Odalis Estrella Torres. El artículo que sirve de fuete al presente estudio relata como “los malhechores empezaron por llevarse las barras de acero que servían de bisagra a los contenedores, luego sus tapas…” y por último se los llevaban en su totalidad, en los pocos lugares donde aún no estaban mutilados.

Se describe además la denuncia por la desaparición progresiva de estos depósitos, así como la captura de un malhechor “… mientras los hacía pedazos para venderlos en Holguín.”

Actos vandálicos como este (para nada aislados), parecen ser responsabilidad de ciertos individuos que actúan como depredadores de la propiedad social o de aquellos bienes que algunas empresas estatales ponen al servicio de la población, esto trae por consiguiente un deterioro del ordenamiento del medio y de las condiciones higiénico – sanitarias. La resultante final es un progresivo deterioro de la calidad de vida y el confort del ciudadano promedio.

Los depredadores apuestan por la silenciosa complicidad de aquellos ciudadanos que son testigos de estos hechos, pero no los denuncian ni obran en forma alguna para evitarlos o detenerlos. Apuestan a que siempre encontraran inescrupulosos receptores ilícitos, que adquirirán sus “mercancías” de dudosa procedencia sin hacer preguntas y pedirán más; porque en los establecimientos de venta al detalle estos mismos recursos se cotizan a precios más altos o no están disponibles, o porque el plástico constituye una materia prima esencial para sostener sus propias actividades productivas y comerciales provistas de una fachada legal, estas oscuras apuestas casi siempre rinden dividendos y refuerzan la ilegalidad, en un escenario signado por la ausencia casi absoluta de mercados mayoristas y el pujante florecimiento de una bolsa negra que desvía los recursos del país para fines muy oscuros y en beneficio de muy pocos cubanos.

Conclusiones:

El fenómeno de la indisciplina social ha sido un tema muy llevado y traído durante los últimos años en nuestra Cuba de principios del Siglo XXI. Los medios de prensa, en sus principales espacios noticiosos, han ofrecido y aún difunden minuciosos trabajos periodísticos que abordan estas problemáticas, sin embargo este azote aún lacera la sociedad y constituye motivo de preocupación para la misma. Ell hecho de que en la población cubana actual se presenten manifestaciones, de la naturaleza de las aquí descritas; puede deberse a la insatisfacción de determinadas aspiraciones y necesidades, que se prolonga por décadas, así como a la presencia de carencias materiales y a un estilo de vida basado en la supervivencia a toda costa, todo lo cual constituye caldo de cultivo perfecto para conductas antisociales más peligrosas.

Bibliografía:

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Varona Domínguez, F. (2008, October). La Indisciplina social. Sus manifestaciones en la ciudad de Holguín a principio del siglo XXI. Rev. Ciencias Holguín, 1-11. Retrieved from http://www.ciencias.holguin.cu/index.php/cienciasholguin/article/viewFile/465/337

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Aroche Cuadro, B. (2016, June 19). Las dimensiones de una indisciplina social. In TV Santiago. Retrieved January 10, 2017, from http://www.tvsantiago.icrt.cu/index.php/92-mas-titulares/15342-las-dimensiones-de-una-indisciplina-social

Rodríguez Martinto, J. (2016, Mars 18). Del transporte urbano y el lucro impune a la vista de todos. In Cubasí. Retrieved January 12, 2017, from http://www.cubasi.cu/cubasi-noticias-cuba-mundo-ultima-hora/item/49189-del-transporte-urbano-y-el-lucro-impune-a-la-vista-de-todos

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